El sofácama como salvador

Hay muebles que decoran. Y hay otros que aparecen a último momento para salvarte (justo como hizo la Scaloneta en ese infarto-partido que tuvimos contra Egipto).

El sofácama pertenece a ese segundo grupo.

De día funciona como el centro del living: cómodo para sentarse, mirar una serie, trabajar un rato o recibir amigos. Pero cuando el plan se alarga (igual que el sufrimiento que padecíamos con cada contra que metía el equipo africano), alguien decide quedarse o simplemente querés acostarte sin abandonar el televisor, se transforma y salva la situación.

No hace falta tener una habitación extra ni reorganizar toda la casa. Su doble función (como la de Lautaro como asistidor para el cabezazo que clava Enzo en el tercero), lo convierte en una gran solución para departamentos, monoambientes y hogares donde cada metro cuenta.

Y a veces el rescate es todavía más sencillo: afuera llueve, el día se apaga, hay partido, película, manta y algo rico para tomar. En ese momento, el sofácama deja de ser solamente un mueble práctico. Se convierte en refugio, plan y lugar favorito para divertirse, acurrucarse y también, porque no, para emocionarse (Como hicimos todo viéndolo a Leo tras el partido).

Porque el verdadero salvador no siempre lleva capa.

A veces se abre, se reclina y entra perfectamente en el living.

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